[Eldar Oscuros] Incursión. Parte II: Organización

Cassiopea se dio cuenta de lo que estaba insinuando su señora, pero no podía ser, era imposible, realmente imposible que fuera Él.

– Mi señora, es imposible que eso sea cierto, y si lo fuese, las implicaciones que  (eliminar) conlleva…

– Cabe la posibilidad  que no lo sea, pero estoy casi segura al cien por cien – hizo una pausa – tiene que ser Eldrad.

 Los temores de Cassiopea se confirmaron. Si eso era cierto, estaban en serios problemas. UN psíquico de ese nivel podía dar al traste con todo lo que planeaban. No tuvo más remedio que preguntar.

– ¿Cómo procedemos? – Cassiopea solo miraba a la persona que tenía delante, y la expresión que vio en el rostro de esa mujer  causó pavor. Esa expresión de deseo, un único deseo, el de causar la muerte, la muerte a todos. Esa expresión que pocas veces había visto, solo en contadas ocasiones, y siempre en la misma situación, cuando su señora se enfrentaba a un gran desafío. Así mismo reflejaba otra cosa, la total certeza de que lo superaría. Y no solo lo superaría, seria apoteósico. Un espectáculo del que se hablaría en Commorragh durante mucho tiempo. Intuía lo que pensaba su señora, y en ese instante no tuvo ninguna duda de que lo conseguiría, por algo era quien era,había alcanzado el escalafón mas alto. Ella era la mayor y más poderosa Súcubo de todos los cultos de brujas, ella era Lelith Hesperax, Reina de las brujas de Commorragh.

– Cassiopea, convoca a los líderes de las distintas cábalas y cultos que nos acompañan – ordenó Lelith – tenemos que planear un asalto.

eldar oscuros

Al cabo de 5 minutos había una reunión en el puente de mando, todos los líderes de las cábalas se habían reunido, todos salvo uno. Todos permanecían en silencio.

– Mi señora, ¿a qué esperamos? Es hora de empezar – Khaileck, líder de los legítimos de la Cábala del Corazón Negro rompió el silencio.

– Silencio – ordenó Lelith – falta Él.

  La expresión de Khaileck cambió por completo, no sabía que Él estaba a bordo… era un peligro, y él lo sabía.

  Tras unos instantes se abrió una compuerta y entró una figura enfundada en una túnica. A pesar de la ligera oscuridad que había en la sala, se atisbaba que no era un eldar normal. Resaltaban bultos y protuberancias, así como zonas metálicas. Tenía una estatura muy elevada, y estaba rodeado rodeado de un aura oscura, lo que causó que a los presentes se les helaran los huesos. Este “ser” llegó a la altura de la mesa, y el silencio ya reinante, pareció hacerse todavía más profundo. Tras un momento tenso, el ser se bajó la capucha de la túnica, y dejó al descubierto un rostro deformado por completo, en el cual, lo único que se distinguía con claridad eran sus ojos. Unos ojos negros que únicamente transmitían maldad pura. Todos apartaron la mirada de esos ojos salvo una persona, Lelith. La figura rompió el silencio.

– Hesperax ¡ (,) espero que esta reunión sea lo suficientemente importante para que me saques de mi laboratorio -dijo con voz agresiva y cavernosa.

 Cassiopea se tenso aun mas, no solo por la voz que acababa de oír, sino por el deje agresivo de esta. ¿Cómo podía permitir Lelith que ese ser la hablara así? Aun así tuvo que mantener la compostura y permanecer callada, pues  sabía que ese ser era capaz de reducirla a pulpa con solo rozarla.

– Rakarth, te aseguro que esto te gustará. Cassiopea, expón la situación.

 Esta así lo hizo. Empezó a relatar la disposición de las fuerzas que había en el planeta. Justo cuando hizo mención sobre los líderes de los marines espaciales, Rakarth la interrumpió.

– Quiero a los líderes de los marines y a las criaturas tiránidas – más que una demanda, fue una orden.

– Rakarth, las negociaciones sobre el botín se harán después, y según los parámetros ya establecidos previamente en Commorragh – respondió Lelith.

– Solo demando como botín lo que he pedido, el resto es piltrafa y no se merecen mis atenciones, además…

– Además nada – lo atajó Lelith- todo se hará según lo establecido previamente.

Durante un breve instante se vio el desconcierto en la cara de Rakarth, estaba claro que normalmente nadie osaba hablarle así. Se repuso rápidamente.

– Repito, sólo quiero lo que he pedido. Si no aceptas estas condiciones, Hesperax, no dispondrás de mis creaciones en batalla.

– Sólo tendrás una de tus 3 demandas – repuso Lelith tras un instante de reflexión- y sólo, y no es negociable esta condición, en el caso de que los captures tú mismo.

 Lelith sabía lo que se hacía, reflexionó Cassiopea. No era nada fácil capturar con vida a un marine espacial, y menos a un líder de estos, morirían antes de permitirlo.

– Como he dicho, las tres o nada – contraatacó Rakarth.

– Bien, puedes irte entonces – Cassiopea sabía que su señora se estaba jugando el todo por el todo – prescindiremos de tus servicios. Sólo te recordaré una cosa. Fuiste tú el que pidió participar en esta incursión en el espacio real, y aceptaste estar bajo mi mando, pero si quieres irte, vete.

Una sombra de duda cruzó los ojos de Rakarth. Esa duda dejó paso al odio, lo que hizo que el aura de maldad que lo rodeaba aumentase tanto en tamaño como en intensidad, mas al final este cedió.

– Está bien Hesperax, acepto tus condiciones. Pero no oses cambiarlas en un futuro, o veremos dónde acaba tu belleza después de pasar por mi laboratorio. – Lelith hizo una mueca parecida a una sonrisa.

– Está bien Rakarth, pero te recomiendo no proferir amenazas que no puedes cumplir. Cassiopea, prosigue.

– Sí mi señora – Cassiopea  prosiguió donde lo había dejado – Bien, aparte de los marines y tiránidos hay otro problema. Nuestros primos están en la superficie – una expresión de asombro recorrió la sala – y no solo eso, hay algo más importante – hizo una pausa dramática, con el fin de dar énfasis a su siguiente afirmación – Creemos que están liderados por Eldrad Ultrhan – el asombro dio paso a una sorpresa indescriptible, incluso en la expresión de Rakarth, que desde el encontronazo con su señora había permanecido impasible.

La sorpresa dio paso al nerviosismo. Si hacía escasos segundos la sala había estado en completo silencio mientras Cassiopea exponía la situación, ahora había un parloteo constante y sin sentido entre los diferentes líderes.

– ¡Silencio! -ordenó Lelith, e inmediatamente el silencio volvió a reinar. – Esto no cambia nada, solamente el hecho de que nuestros primos sí que saben que estamos aquí. Si siguen sus pautas habituales no tardarán en intentar contactar con nosotros. Y ahora centrémonos en lo que nos atañe de verdad. Cassiopea, órdenes de batalla, ya.

– Sí mi señora. Estableceremos dos frentes, lo que hará que nuestros enemigos no puedan coordinar acciones de forma eficiente y nos otorgará la iniciativa desde el principio. El primer frente  se encargará de tomar el espacio puerto controlado por las fuerzas de defensa del planeta. Están muy debilitados tras enfrentarse a los tiránidos y al ataque de nuestros primos. Una vez tomado el espaciopuerto, debemos tomar las centrales energéticas que lo abastecen así como las manofactorías circundantes, evitando así que los marines reciban más suministros de los que ya poseen. Para este asalto dispondremos del grueso de nuestras fuerzas, encabezadas por mí, y por las creaciones del maestro Rakarth.

– Corrección – la cortó Rakarth – tú no pintas nada, mis creaciones y yo mismo encabezaremos el asalto – No había posibilidad de respuesta.

– Sí, mi señor, disculpe mi impertinencia.

 Lelith sonrió al ver cómo se plegaba Cassiopea ante la respuesta tajante del hemónculo. Cassiopea continuó.

– La segunda fuerza será menor  y estará encabezada por mi señora. Su misión es tomar la factoría y la central energética del suroeste, donde están atrincheradas las fuerzas de defensa, abriendo así un nuevo flanco a marines y tiránidos. – Lelith asintió – Y, por último, habrá una pequeña fuerza expedicionaria que se desplegará en un bosque cercano al espaciopuerto que controlan los marines. Su objetivo será hostigar sus líneas de abastecimiento e informar de todos los movimientos que realicen.

– Bien, ¿todo claro? – preguntó Lelith de forma retórica, sabía perfectamente que ya tenia nocion de su existencia. por ello todos  asintieron al unísono. – En una hora iniciaremos la incursión. Recordad, no matéis a todos, y lo digo sobre todo por ti Rakarth, tomad prisioneros. Buena Comida.

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Esta entrada fue publicada por Javier G.C..

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