Torneo de Iniciación: Fase 4 – Puños Imperiales vs. Eldar

En la penumbra del espacio, el sepulcral silenció de las galerías de la Gloria de Sigismund se vio finalmente roto por los pasos quedos del servidor que avanzaba bajo las adustas miradas de las estatuas de los grandes héroes de los Puños Imperiales. A izquierda y derecha se abrían las pequeñas e idénticas celdas que servían como habitaciones a los marines cuando no estaban entrenando o haciendo la guerra, pero el servidor se introdujo en una en concreto sin dudar. En la celda un hombre colosal se hallaba sentado sobre el frío suelo, todavía enfundado en el Guantelete del Dolor, un mono lleno de sensores que activan los centros de dolor. En su musculoso torso se amontonaban cicatrices de todo tipo y tamaño, superponiéndose y componiendo el mapa de una vida de dolor y muerte. Sin una palabra, el servidor le entregó la holo-placa que portaba. El rostro de un oficial de la Guardia Imperial apareció bañando de luz verde el rostro del marine.

“Aquí el mayor Karlden de las Fuerzas de Defensa Planetaria de Cartago VII. Estamos bajo ataque de una fuerza eldar de origen y tamaño desconocidos. La capital ha sido sometida a un bombardeo brutal y los eldar parecen dirigirse al centro de investigación de xenoartefactos. Nuestras fuerzas han sido diezmadas y no resistiremos mucho más. La conservación de los artefactos ha recibido la prioridad Alfa-4. Solicitamos apoyo inmediato”.

El primer capitán Lysander cerró la holoplaca con un movimiento decidido y murmuró para sí: “No en mi guardia”.

Apenas unas horas después, Lysander se encontraba repasando el mapa del campo de batalla con sus lugartenientes. El centro de investigación resultó encontrarse en una zona urbana, con una gran avenida separando los edificios del complejo, convertidos en ruinas por el bombardeo de los eldar. Al oeste se encontraba la mayor concentración de edificios, pero al este estaban los más altos y los que ofrecían mejor cobertura, rodeados por un par de pequeños parques a cada lado de la avenida, por lo que resultaban ideales para el despliegue de los Puños Imperiales. La red de satélites había identificado seis objetivos tácticamente relevantes en la zona, los contenedores de xenoartefactos, dos de los cuales se encontraban en los edificios del este, uno en el parque frente a ellos, y los otros tres dispersos por el mapa. Los cogitatores no habían sido capaces de determinar el contenido exacto de cada contenedor, por lo que sería necesario desplegar sin saber exactamente cuáles eran los objetivos vitales y cuáles eran de menor importancia. Para Lysander esto era irrelevante: los Puños Imperiales no hacen concesiones. Aniquilarían a los eldar y tomarían todos los objetivos.

“La sangre de los guardias de Cartago VII nos ha permitido llegar antes que esa escoria xeno a la batalla. Hagamos que valga la pena, hermanos. La escuadra táctica Resolución implacable desplegará en el edificio del noreste, protegiendo un objetivo y apoyando el avance del resto del ejército con su lanzamisiles. La mitad de su gemela, la Defensa inexpugnable, desplegará en el edificio del sureste con el otro lanzamisiles, dominando otro objetivo, mientras el sargento, el hermano con lanzallamas y cuatro marines más se mueven en razorback al parque para dominar el tercer objetivo. En el piso superior del mismo edificio, justo encima de la Defensa inexpugnable, desplegarán los devastadores de la Ira de Terra, dominando la avenida con sus cuatro lanzamisiles. En el vértice de cada edificio desplegarán las escuadras de motos de ataque, Eliminación asegurada, Poder ardiente y Mirada del Emperador, equipadas con bólteres pesados, y en el centro, el razorback de la Resolución implacable, apoyando a la Poder ardiente. La escuadra de veteranos de vanguardia Tormenta de furia bajará en cápsula de desembarco junto a mí mismo, y después se teleportarán a apoyarnos los exterminadores de la Furia de Dorn. ¿Todo entendido? ¡A sus puestos! ¡Por Dorn y por el Emperador!”

Ya en la cápsula, Lysander tuvo la oportunidad de comprobar con orgullo cómo sus hombres cumplían sus órdenes con total exactitud, como corresponde a un Puño Imperial. Examinó los datos de inteligencia sobre las fuerzas eldar: una escuadra de los temibles Dragones llameantes, junto al no menos letal Avatar, dominaban el sur del campo de batalla, entre las ruinas. Al norte, oculto entre varios edificios, un transporte Serpiente cargado de Vengadores implacables aguardaba para lanzarse sobre sus líneas. El centro de la línea xeno estaba compuesto por un escuadrón de tres bípodes de combate pesadamente armados, dos señores espectrales y una unidad de guardianes. En las ruinas justo enfrente de los Puños Imperiales se habían atrincherado cinco vagabundos, listos para usar sus rifles de francotirador sobre cualquier marine que les diera la oportunidad. No sería el caso de sus hombres.

Los primeros datos de inteligencia comenzaron a llegar, y Lysander rápidamente entendió el porqué del despliegue tan agresivo de los eldar: los objetivos más valiosos estaban en la zona de despliegue de los Puños Imperiales o en sus inmediaciones. Con lo más parecido a una sonrisa que un Puño Imperial puede mostrar, el primer capitán entendió que los eldar estaban perdidos, atrapados entre el puño de sus veteranos y la defensa impenetrable de sus escuadras tácticas. Efectivamente, en cuanto la cápsula tocó el suelo y se abrió con una flor de muerte Lysander salió de un salto pese a su armadura de exterminador y empezó a señalar objetivos a sus veteranos. El señor espectral más cercano se giró con la velocidad de un relámpago, pero incluso eso era insuficiente, y sólo le sirvió para recibir una lluvia de proyéctiles Infierno. Diseñados para matar biomonstruosidades tiránidas, estas balas rellenas de ácido devoraban con igual facilidad el hueso espectral de los eldar. Mientras tanto, una tormenta de muerte surgió de las posiciones de los elegidos del Emperador, derribando con su furia justiciera dos de los tres bípodes y obligando al restante a ponerse a cubierto tras unos árboles. Tras ver el destino de su gemelo, el otro Señor espectral también se situó detrás de unas ruinas.

La respuesta de los eldar, sorprendidos por la furia de los Ángeles de la Muerte, fue pobre y desorganizada, acabando solamente con un par de veteranos que aún no habían logrado ponerse a cubierto. Las motos de ataque demostraron su agilidad moviéndose a toda velocidad por entre el torrente de disparos de alta energía sin recibir ni un rasguño. Los flancos de los eldar avanzaron, intentando aplastar la defensa imperial en una pinza letal entre los Dragones llameantes, el Avatar y los Vengadores implacables en Serpiente. ¡Ilusos! Sólo se acercaban a su propia destrucción.

El sargento de la Defensa inexpugnable ocupó el objetivo del parque, asegurando el depósito más valioso de xenoartefactos, mientras su razorback y las motos de ataque de la Eliminación asegurada hacían honor a su nombre eliminando a los Dragones llameantes, que habían cometido el error de subestimar la letal puntería de los hijos de Dorn.  La Poder ardiente y la Mirada del Emperador, por su parte, se ocuparon de aniquilar a los vagabundos pese a sus capas camaleónicas. Una lluvia de misiles impactó sobre el segundo Señor espectral pese a su cobertura, provocándole graves daños estructurales que lo ponían al borde de la destrucción. Los exterminadores de la Furia de Dorn informaron de una avería irreparable a corto plazo en sus teleportadores, y hubieron de quedarse definitivamente en la Gloria de Sigismund. Lysander, viendo una victoria rápida al alcance de la mano, ordenó a la Tormenta de furia que le apoyara con sus bólteres mientras cargaba a los guardianes.

Con sus unidades de apoyo muertas o desorganizadas, la línea eldar flaqueaba, y su fuego de respuesta fue débil y desorganizado, llevándose por delante sólo a un par de veteranos. La estrategia de los traicioneros xenos se hizo evidente cuando tras las líneas de los Puños se teleportó en un fogonazo de luz una escuadra de Arañas de la Disformidad, que derribaron a un par de marines de la Resolución implacable, mientras jugaban con sus generadores de disformidad para evitar el disparo vengador de los hermanos de los caídos. Previendo el inminente final de la batalla, el Serpiente retrocedió para depositar a los Vengadores implacables junto a uno de los depósitos de xenoartefactos de menor valor.

Tras tomar posesión de él, las fuerzas eldar decidieron retirarse rápidamente a la Telaraña con los guerreros que quedaban vivos, mientras su vidente lanzaba un mensaje lleno de odio a Lysander hablando de perder una batalla para ganar la guerra, de terribles calamidades por venir y de que la Humanidad había condenado a todo el sector. La respuesta del primer capitán fue ordenar con despectiva indiferencia un bombardeo orbital de las ardientes lanzas de su Barcaza de batalla sobre los portales eldar, sellándolos para siempre y devolviendo Cartago VII a su legítimo dueño: el Imperio del Hombre.

RESULTADO DE LA BATALLA:

GANADORES LOS PUÑOS IMPERIALES

PUÑOS IMPERIALES 12 – 3 ELDAR

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Esta entrada fue publicada por Malvadoingles.

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