Puños Imperiales vs Salamandras: Torneo Iniciación 6ª Edición – Fase 3

En la Jaula de Hierro continuamos con nuestra liga de iniciación a sexta edición de Warhammer 40.000. El informe de batalla de hoy está escrito por el nuevo miembro de la Jaula de Hierro, Malvadoinglésque lleva al ejército de los Puños Imperiales en la Liga de Hierro.

Ya se enfrentó a los Guerreros de Hierro y al capítulo de Marines Renegados Apocalípsis. En la Fase 3, el enfrentamiento a 1250 puntos, se enfrentaría al ejército comodín, que en este caso tocaba ser los Salamandras, dirigidos por Khogo.

La misión : Cruzada.

Mientras la cápsula de desembarco se calentaba y se sacudía violentamente por la reentrada en la atmósfera, Darnath Lysander y sus veteranos revisaban por vigésima vez su equipo. El capitán de la primera compañía giró el mango y su martillo trueno, herencia del mismísimo Rogal Dorn, cobró vida con un satisfactorio zumbido a medida que el campo de energía crepitante rodeaba su cabeza en forma de puño. Satisfecho, Lysander pensó una vez más que todo en ese entrenamiento conjunto con los Salamandras debía salir bien. Los maestros de dos capítulos, y capítulos de la Primera Fundación, por si fuera poco, estarían siguiéndolo de cerca. Nadie lo había planteado abiertamente, pero en el fondo latía la rivalidad que siempre estaba presente entre dos grupos de hermanos.
La misión era sencilla: localizar y asegurar tres puntos de importancia táctica en el escenario: una zona despejada para el desembarco al este, una capilla del Emperador en ruinas en el centro, y un bosquecillo que dominaba todo el campo de batalla al oeste. El resto del campo de batalla estaba formado por una zona boscosa al noreste, donde desplegarían los Salamandras, y unas ruinas urbanas en el suroeste, donde lo harían los Puños Imperiales. Lysander repasó una vez más a los hombres que había seleccionado personalmente para la misión, mientras el visor de su casco le facilitaba información sobre cada unidad:
-Al mando, el capitán Lysander.
-Su puño izquierdo, la escuadra Furia de Dorn, formada por 5 exterminadores con martillo trueno y escudo de tormenta.
-Su puño derecho, la escuadra Tormenta de destrucción, con 8 veteranos de la guardia con 2 combi-fusión en cápsula de desembarco y acompañada del propio Lysander.
-Las escuadras tácticas Resolución implacable y Defensa inexpugnable, formadas cada una por 10 marines con un cañón de plasma y un rifle de fusión y un lanzallamas respectivamente.
-Y, por último, las escuadras Eliminación asegurada, Poder ardiente y Mirada del Emperador, formadas por dos motos de ataque las dos primeras y una la tercera, todas armadas con cañón de fusión.
Lysander sonrió satisfecho. Todos eran buenos hombres. Les había instruido personalmente en el manejo del bolter a todos ellos, y les había visto crecer y pasar de guerreros excepcionales a ser un equipo cohesionado mucho mayor que la suma de sus partes. No obstante, sus amados enemigos Salamandras habían enviado una fuerza de combate peligrosa, y poseerían la misma resolución ardiente por ganar que los Puños Imperiales:
-A la cabeza, Vulkan He’stan.
-Acompañándole, su guardia de honor: 5 exterminadores de asalto con martillo trueno y escudo tormenta montados en un poderoso Land Raider Redentor con blindaje adicional y cañón de fusión incorporado.
-A apenas unos metros de la propia cápsula de Lysander, bajaba a toda velocidad un poderoso veterano del capítulo, un dreadnought de hierro con lanzallamas pesado y martillo sísmico.
-Las jóvenes promesas del capítulo, 5 de los exploradores más brillantes de los Salamandras, armados con rifles de francotirador y capas de camuflaje.
-Por último, la base de su ejército, dos escuadras tácticas, una de 10 marines con cañón y lanzallamas, y otra de 5 con rifle de plasma y un combi-fusión en manos del sargento.
Con un pitido, el cogitador táctico informó a Lysander de que sus fuerzas ya estaban listas: la escuadra Resolución implacable había desplegado en unos cráteres al sureste, entre la zona de desembarco y la capilla imperial, mientras que la Defensa inexpugnable había hecho lo propio en las ruinas del suroeste, frente al bosquecillo. La escuadra Eliminación asegurada se había situado cerca de la Resolución implacable, preparada para disparar sus cañones de fusión si el enemigo pretendía avanzar por el terreno despejado de la zona de desembarco, mientras que la Poder ardiente y la Mirada del Emperador habían desplegado más al noroeste, listas para rodear la capilla del centro del terreno y envolver al enemigo en una pinza de infierno de fusión. Las escuadras Furia de Dorn y Tormenta de destrucción aguardarían para desplegar desde la órbita.
Los Salamandras, gracias a sus antiquísimos sistemas de sensores, prepararon su despliegue respondiendo al de los Puños Imperiales, cerrándose en un puño irresistible en el noreste: la escuadra táctica con el cañón de plasma desplegaría en el bosquecillo, que resultó ser de roblehierro y proporcionar una cobertura extraordinaria, a la sombra protectora del formidable Land Raider Redentor. Alrededor del mismo, beneficiándose de su cobertura, estaba la escuadra del sargento con combi-fusión. Los exploradores desplegaron en un escondite privilegiado, en unas ruinas al norte del bosquecillo del este. El dreadnought de hierro sólo era en ese momento una estrella brillante que bajaba a toda velocidad con una promesa de muerte.
Pero si los sensores de los Salamandras eran mejores, la capacidad táctica y la iniciativa estaban en manos de los Puños Imperiales. Gracias a la experiencia de Lysander, éste logró forzar que los primeros compases de la batalla se produjeran aún en noche cerrada, y los Puños Imperiales lo aprovecharon usando su superior movilidad. Con un estruendo apocalíptico, la cápsula de Lysander y la escuadra Tormenta de destrucción aterrizó frente a los exploradores. El sargento les gritaba para que usaran sus capas para obtener el máximo de su camuflaje, pero era inútil: los veteranos de la guardia ya estaban disparando munición de ardiente aliento de dragón incluso antes de que la cápsula se abriera por completo, y las ruinas quedaron convertidas en un infierno llameante en el que nada podía sobrevivir. Cuando los sensores de sus armaduras pitaron para indicar que habían sido eliminados, el sargento explorador y sus pupilos se retiraron contritos del entrenamiento, entre las reprimendas furibundas del sargento. En órbita, el señor del capítulo Vladimir Pugh rugió de alegría frente al impertérrito señor de los Salamandras, Tu’Shan: la primera sangre era para los Puños Imperiales.
Las motos de ataque, viendo que el Land Raider Redentor se había situado cuidadosamente fuera del alcance óptimo de sus armas, utilizaron el turbo para ponerse en una posición mejor cuando éste avanzara. La escuadra Resolución implacable disparó su cañón de plasma contra los Salamandras en el bosquecillo, la única arma que estaba dentro del alcance, acabando con uno de ellos.
Inmediatamente después, impactó en tierra la cápsula con el dreadnought de hierro, enfrentando a la escuadra Resolución implacable a la visión de una monstruosidad de adamantio que se les echaba encima, disparando con legendaria precisión su lanzallamas pesado y su rifle de fusión. La Resolución implacable, apiñada dentro del cráter, sufrió copiosas bajas, y el sargento decreto una retirada táctica. Por desgracia, al hacer esto salieron del terreno delimitado como campo de batalla, quedando por ello eliminados. Ahora le tocó a Tu’Shan burlarse de los Puños Imperiales.
Mientras tanto, el Land Raider Redentor avanzó con su letal tripulación, disparando todo su armamento a larga distancia contra escuadra Eliminación asegurada, que aún no estaba al alcance de sus terriblemente eficaces lanzallamas, pero los motoristas hijos de Dorn supieron sacar el máximo provecho de la velocidad punta que mantenían y de la oscuridad de la noche para evitar todo daño. No obstante, el frío sol extraterrestre del planeta ya asomaba por el horizonte, anunciando que se acababa la protección nocturna.
Respondiendo a la amenaza inminente, la escuadra Mirada del Emperador giró en redondo en medio de una nube de humo y guijarros, dirigiéndose al expuesto blindaje posterior del dreadnought de hierro, y destruyéndolo de un certero impacto de su cañón de fusión. El veterano dreadnought fue retirado de la batalla agitando sus brazos en todas direcciones y aún riendo y disparando su lanzallamas al aire. La Eliminación asegurada y la Poder ardiente rodearon al Land Raider desde el sur y el este, situándose al alcance óptimo para usar a pleno rendimiento sus temibles cañones de fusión. La orden era clara: ni el Land Raider ni sus tripulantes debían sobrevivir, pues eran demasiado peligrosos. Los cuatro rayos confluyeron sobre el Land Raider, cada uno tan brillante que no podía mirarse directamente, y tan caliente como el interior de un sol. Cada uno arrancó grandes fragmentos del blindaje del behemoth de acero, pero el espíritu máquina del vehículo, que se rumoreaba había sido forjado por el mismísmo primarca Vulkan, se negó a rendirse, y continuó avanzando a toda velocidad.
Efectivamente, sus compuertas se abrieron y de su vientre salieron Vulkan y su guardia de exterminadores, que aprovecharon la sorpresa de la Eliminación asegurada por la supervivencia del Land Raider contra todo pronóstico para asaltarla y destruirla en cuerpo a cuerpo. Mientras tanto, el Land Raider giró en redondo y se abalanzó sobre la Poder ardiente, utilizando sus lanzallamas para crear una columna infernal que se llevó por delante a una de las motos. La mitad de la escuadra del bosquecillo avanzó para asegurar la zona de aterrizaje, dejando atrás el canón de plasma para que les cubriera. Toda la parte oeste del campo de batalla estaba dominada indiscutiblemente por los Salamandras, y sus escuadras más poderosas comenzaron a girar para acabar con lo que quedaba de los Puños Imperiales.
La Poder ardiente reaccionó con un quiebro, haciendo girando alrededor del Land Raider para evitar sus mortales lanzallamas, mientras la Mirada del Emperador volvía de eliminar al dreadnought y utilizaba su velocidad para amenazar el otro flanco de la bestia blindada. Ambas escuadras dispararon sus cañones de fusión, pero, de nuevo, el tozudo espíritu máquina se negó a sucumbir, disparando sus lanzallamas en todas direcciones y haciendo rugir el motor, a pesar de que sus orugas habían quedado destrozadas y no tenía forma de moverse. La Tormenta de destrucción avanzó detrás de las motos de ataque, a pesar del peligro que suponía el Land Raider, confiando en que la Poder Implacable y la Mirada del Emperador acabarían con el brutal vehículo… tarde o temprano. Mientras tanto, la Defensa inexpugnable, viendo que el combate en el oeste estaba perdido, comenzó a desalojar las ruinas en que estaban apostados y a dirigirse al bosquecillo.
Mientras los exterminadores Salamandras de Vulkan avanzaban amenazadoramente hacia los veteranos de Lysander, el resto del ejército disparó con todo lo que tenía, acabando con uno el artillero de la Poder ardiente y acabando con algunos veteranos de la Tormenta de destrucción. La escuadra del sargento con combi-fusión avanzó tras la protección del inmovilizando Land Raider en dirección a la capilla.
Pero la respuesta de los Puños Imperiales no se hizo esperar. La Mirada del Emperador abrió fuego contra el debilitado Land Raider, acabando por fin con el en una brutal explosión que se llevó por delante a uno de los marines que avanzaba tras él y, lo que es más importante, dejándolos al descubierto para que los veteranos de la Tormenta de destrucción hicieran fuego a placer. Lysander dio orden a través del enlace privado para que sus hombres cambiaran a munición venganza, diseñada específicamente para penetrar la formidable protección de las servoarmaduras. Por desgracia, y a pesar de que casi todos los disparos dieron en el blanco, los Salamandras supieron aprovechar al máximo la cobertura, y después de la salva todavía quedaban vivos el especialista con rifle de plasma y el sargento. La moto restante de la Poder ardiente disparó contra Vulkan, pero uno de sus exterminadores interpuso su escudo tormenta, disipando la columna de ira flamígera inofensivamente.
Finalmente, los exterminadores de la Furia de Dorn por fin lograron sortear la protección de los sensores de los Salamandras y teleportarse al campo de batalla, apareciendo en el bosquecillo junto a la escuadra del cañón de plasma. Tanta fue su prisa por aparecer, que uno se teleportó a unos metros del suelo, cayendo sobre uno de los troncos y destrozándolo. A pesar de estar en el interior de lo que sólo puede definirse como un pequeño tanque personal, el tronco quebrado atravesó su protección y los árbitros decretaron que había sido eliminado. Blandiendo su martillo por lo que consideraba una injusticia manifiesta, el exterminador obedeció y se teleportó de vuelta a la nave.
A partir de ese momento, la batalla se precipitó: los exterminadores recibieron el fuego combinado de la escuadra que mantenía la zona de aterrizaje y la que permanecía en el bosquecillo, mientras Vulkan y sus hombres desviaban su rumbo para interceptarles. A pesar de todo, los diezmados exterminadores lograron cargar contra la escuadra del cañón de plasma, destrozando a tres de los cinco Salamandras, y forzando a los demás a huir. Avanzando por un bosque hostil y enfrentados a intenso fuego enemigo, en cuanto perdieron la protección de estar enzarzados con los Salamandras del cañón de plasma fueron aniquilados por sus hermanos de batalla.
En el centro del campo de batalla se sucedía otro drama terrible: la escuadra del combi-fusión, ahora reducida a un marine con rifle de plasma y el sargento, avanzaron por las ruinas a toda velocidad para asegurar el objetivo de la capilla. Su carrera no estaba falta de propósito: el salvaje combate había consumido un tiempo considerable, y el final del ejercicio era inminente: los árbitros debían decidir si se prorrogaba. El dúo de Salamandras dominaba en ese momento un segundo objetivo, lo que les ponía en cabeza en el marcador de objetivos tácticos. Si el ejercicio terminaba en ese momento, los Salamandras serían los ganadores, pero si se prorrogaba unos minutos más, los tácticos se enfrentarían a los disparos de los veteranos de la Tormenta de destrucción, la Poder ardiente y la Mirada del Emperador, lo que ofrecía para ellos una negra perspectiva, a pesar de su cobertura y de los potentes disparos de sus armas.
Finalmente, el arbitro del encuentro, nada más y nada menos que el señor de los Ultramarines en persona, Marneus Calgar, decretó que se lucharía unos minutos más. Los Puños abrieron fuego, eliminando a los dos Salamandras, y ahora la situación era la inversa: si el ejercicio se prolongaba una vez más -y las reglas hacían posible una última ampliación-, los Salamandras tenían posibilidades de victoria, pero si Marneus decretaba el final del entrenamiento los Puños Imperiales saldrían victoriosos por cumplir los objetivos tácticos de la misión (tenían un objetivo asegurado, habían logrado la primera sangre y la Poder ardiente y la Mirada del Emperador estaban en el área de despliegue de los Salamandras, mientras que éstos sólo podían aducir el dominar la zona de aterrizaje). Ante la mirada expectante de Tu’Shan, Vladimir Pough, y todos los combatientes, Marneus levantó la mano… y levantó el pulgar, señalando que se lucharía un poco más.
Los Salamandras desviaron a la escuadra que mantenía la zona de aterrizaje hacia la capilla del Emperador, corriendo todo lo que les era posible con el apoyo de Vulkan y los exterminadores, aunque ésta estaba disputada por los veteranos de la Tormenta de destrucción, mientras la escuadra del cañón de plasma corría a toda velocidad para asegurar de nuevo la zona de aterrizaje. Las posibilidades eran escasas para los Salamandras: ambas escuadras debían moverse a una velocidad increíble a pesar de lo escarpado del terreno, y ambas debían llegar si querían obtener la victoria.
Los exterminadores y Vulkan se lanzaron sobre Lysander y la Tormenta de destrucción atravesando los muros de la capilla. Lysander blandió su martillo-reliquia con furia salvaje, percibiendo el escaso tiempo que le quedaba para demostrar su superioridad sobre su hermano Salamandra, mientras Vulkan hacía lo propio.
La escuadra del cañón de plasma, reducida a un solo marine por el fuego de la Poder ardiente y la Mirada del Emperador, corrió hasta la baliza de la zona de aterrizaje mientras los disparos de bolter y cañón de fusión levantaban surtidores a su alrededor, mientras sus hermanos corrían por el interior de la capilla en ruinas, buscando una escalera que les permitiera subir al piso superior, donde estaba la baliza.

El hermano Salamandra se lanzó sobre ella cuando apenas le quedaban unos metros… sólo para ver con desesperación como aterrizaba unos centímetros demasiado lejos, casi tocando la baliza, pero incapaz de activarla. Mientras tanto, sus hermanos en el interior de la capilla treparon por una desvencijada escalerilla, con las luces intermitentes de la baliza bañando sus cascos, pero cuando el sargento extendió el brazo para activarla, la sirena del final del ejercicio sonó. Los Puños suspiraron aliviados, pues el órdago de los Salamandras había salido mal, y lo habían perdido todo. Vulkan y Lysander, enzarzados en un combate personal y a punto de eliminarse mutuamente, bajaron las armas al oírlo. Se miraron entre sí durante unos segundos interminables, y finalmente se fundieron en un abrazo. Hoy la victoria había sido para los Puños Imperiales, pero ambos sabían que podía haber sido diferente, y que si algo no faltaba en el despiadado cuadragésimo primer milenio eran batallas en las que demostrar su valía.

 

RESULTADO DE LA BATALLA:

VICTORIA PARA LOS PUÑOS IMPERIALES

PUÑOS IMPERIALES 5 – 3 SALAMANDRAS

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Esta entrada fue publicada por Javier G.C..

2 pensamientos en “Puños Imperiales vs Salamandras: Torneo Iniciación 6ª Edición – Fase 3

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