La Caída

La belleza eldar esta fuera de toda duda

Corren tiempos oscuros para nuestra raza, pero no siempre fue así. Los eldar fuimos el pueblo más glorioso que ha conocido el Universo, dominando gran parte de la Galaxia. Todo lo que podías soñar lo podías tener, lo podías coger. En cientos de planetas paradisíacos se podían contemplar las más maravillosas obras, las mejores creaciones y se conocían muchas cosas sobre el Universo que ya hace tiempo que se perdieron en el olvido.

Esto nos hacía tremendamente superiores a las demás razas, y con razón, nuestros avances tecnológicos y culturales superaban a los del resto. Nuestra belleza, nuestras capacidades, simplemente no se podían comparar con nada. Nos sentíamos confiados, ya que ningún otro pueblo podría amenazar nuestros dominios y romper con nuestra hegemonía. Y resultó cierto, no fue un invasor los que nos hizo caer…

Solo teníamos un objetivo en la existencia perseguir nuestros intereses, sin limitaciones, sin trabas solo dirigidos por nuestra voluntad. Nos entregábamos a todos los caprichos, a todas las curiosidades que pudieran existir. Pero, la curiosidad lo mismo te lleva a paisajes maravillosos que te conduce a encuentros de pesadilla. Nos sentimos atraídos por el laberinto de la existencia, por sus secretos más oscuros y siniestros y lo recorrimos sin pensar en las consecuencias, en lo que podríamos desatar, solo buscando una experiencia más, devorando todo lo que podía ofrecernos, un laberinto sin fin. No había Senda que seguir, no había control. Teníamos el derecho de descubrir todos los secretos y gozar de todos los placeres. La exploración sin límite nos encaminó a la más tremenda oscuridad.

Muchos se consagraron a sus impulsos más siniestros y hedonistas, y comenzaron a aparecer cultos extraños, esotéricos y de carácter sensual.

Nuestra civilización fue sumiéndose en la más absoluta anarquía. Algunos huyeron arrepintiéndose de sus vicios y huyeron al espacio a bordo de enormes mundos astronave. Pero, la realidad es que la inmensa mayoría no quería renunciar al placer, al poder ni a los privilegios. La depravación y la corrupción se adueñaron de sus almas y sus corazones. Era cuestión de tiempo que comenzaran los enfrentamientos. Los asesinos sádicos aguardaban en las sombras esperando para satisfacer su maléfica lujuria. La vida no era nada si a cambio se podía obtener placer. Las calles se tiñeron de sangre.

La corrupción de nuestra raza decadente fue tomando forma en la disformidad a medida de que los espíritus de los fallecidos comenzaron a fundirse en una única conciencia universal. Los eldars creamos una mente inmunda y enferma. Era el reflejo de nuestra perversidad e insolencia, de lo que se nos habíamos convertido. Y así siguió durante años…

Al final, la realidad se abrió paso, y nos dimos cuenta de lo que habíamos creado: un dios a nuestra imagen y semejanza, cruel y despiadado, pero ya era demasiado tarde. Nunca se había concebido una criatura más horrible y perversa como el dios del Caos Slaanesh, la Sedienta, la encarnación de la perdición de los Eldars.

Seguidores de Slaanesh

Cuando Slaanesh alcanzó la conciencia divina, todos los miembros de nuestra raza sintieron como les destripaban el alma con sus garras. Billones y billones de eldars cayeron inertes en el acto ante la implosión psíquica del dios del mal. Los espíritus de nuestros antepasados eldars fueron arrancados de sus mentes y fueron absorbidos por la divinidad. La disformidad hizo el resto engullendo el alma de todos los eldars que había en miles años luz a la redonda, tragándose también todos los reinos ancestrales quedando solo lo que hoy se conoce como Ojo del Terror. Significaba el fin de toda una raza, en su lugar solo quedaba Caos.

Entonces, Slaanesh sonrió y giró la cabeza contemplando el universo de los dioses. Pero, eso es otra historia…

Fuente:

  • Códex Warhammer 40.000 Eldars edición 2008
  • THORPE, Gav: La senda del guerrero, Timun Mas: 2011
  • MCNEILL, Graham: Los mil hijos, Timun Mas: 2010
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Esta entrada fue publicada por Belén Moreno.

2 pensamientos en “La Caída

  1. Pingback: La senda de los eldar « Jaula de Hierro

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